31/7/18

Lecturas

" ...cómo harán los que no leen para disfrutar del mundo que pisan?"



                                                        A. Pérez Reverte 


26/7/18

Madrugadas entre peces


Las distancias crean perspectiva, no es novedad. La cosa es que con la perspectiva se visualizan imágenes diferentes a las habituales, como una fata morgana  en una ruta durante la siesta de verano. Pero el atractivo de tales imágenes, incluso pueden llegar a desvirtuar aquellas escenas que sí, la realidad nos estampó como fotograma impoluto en la memoria.
Varias veces la recuerdo, no digo que la pienso, sólo la recuerdo a partir de alguna impresión visual, aromática, degustativa o táctil que se cruza en algún momento de cualquier jornada sin más intención que salir a flote como aquellos sargazos que se asoman a recibir un rato las bendiciones del sol, para luego volver a hundirse en las profundidades de cualquier mar.
Muy rara vez, pero se cruza.
Quizá lo más reincidente, el recuerdo más reincidente, sean los besos.
Grandes, nutritivos, amables. Generosos, largos a veces, nunca furtivos sino certeros. Leales sobre todo. Leales. De la categoria de besos que no necesitan juramentos. De esa clase que uno desearía poder mantener para siempre su perfume en los labios, en toda la boca, en el esófago y dejarse inundar toda la anatomía por ese, sutil a veces, contacto de los labios, de los ojos que piden y dan, de una mano que rodea el cuello con suavidad y acaricia gentilmente como el roce de un paño leve y liviano durante un sueño.
Esos besos, sobre sábanas color salmón, quizá sea lo más perdurable en las estanterías de mis recuerdos, que como el polvo que los años van depositando de manera casi invisible, se empeña en mantener el terreno conquistado dejando, orgulloso y tenaz, su impronta.
De lo demás..? no podría mencionar nada, porque la razón, admirablemente, en aquellos momentos se marchaba a caminar sobre los adoquines de una ciudad impura.

1/6/18

Tinta viva.

No. Hay pedazos, jirones de uno mismo que no puede dejar olvidados. Este es uno, la escritura casi íntima, la conversación consigo mismo. la reflexión, el insulto, el pesar, la euforia.. Todo eso que no hace falta explicarles a terceros, ni a segundos. Que es propio como un sueño, como un deseo, como el gusto áspero que queda después de tomar un mal vino, o el dulce con que se regocija con el bueno. Se pueden callar muchas voces pero la que se dirije hacia dentro no hay manera de hacerlo, o no se debería.
A veces he pensado que relatar un sueño es un barbarismo repudiable, un insulto. No hay palabras que puedan usarse para que otra persona entienda qué sucedió en él. Intentarlo es resumirlo a meros hechos casi sin significado.
Lo mismo sucede con esas palabras que cada uno se dice a si mismo, esas conversaciones que se mantienen en la intimidad de una cena solitaria, de un viaje sin compañías, de un amanecer sin más testigos.
Escribir acá no es hacerlo para otros ojos. No lo estoy compartiendo, solo lo dejo registrado por si alguna vez me olvido de mantener las ganas, el sentir único que me identifica.
Claro, también se mantiene, oculta y sin demasiados pregones, la idea bastarda de encontrar aquellos ojos que comprendan. Pero no se guardan demasiadas espectativas al respecto.
Así que bueno, seguiré escribiendo.Como cuando guardaba hojas escritas ocultándolas de miradas indiscretas.
Porque siguen doliendo cosas.

Y sigue doliendo más no escribir.

5/2/15

Largo infierno

.."Entonces pensó que, por mucho que la vida sea incomprensible, probablemente la atravesamos con el único deseo de regresar al infierno que nos creó, y de habitar en el mismo junto a quien, en una ocasión, nos salvó de aquel infierno. Intentó preguntarse de dónde procedía esa absurda fidelidad al horror, pero descubrió que no tenía respuestas. Sólo comprendía que nada es más fuerte que ese instinto de volver donde nos desgarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años. Pensando tan sólo que quien nos salvó en una ocasión puede después hacerlo para siempre. En un largo infierno idéntico a aquel del que venimos. Pero, de pronto, clemente. Y sin sangre."

 
A. Baricco, como corresponde