25/5/08

Ocaso

De pronto hubo un gran silencio.
Había luz, sí que la había, pero el silencio rumiaba los gestos, lamía las miradas.

Absorbía todo lo mencionable.
Quedaron imágenes (ya dije que había luz), que centelleaban por momentos sin previo aviso. Fulgurantes sacudían por instantes, quedándose luego las retinas impávidas, con instantáneas venidas de quién sabe que rincón de la memoria.
Desde ese instante, el aire se tornó pesado, demasiado denso como para querer ingresar en el interior.
Y se respiro de a breves bocanadas, insuficientes, mendrugos de las que fueron sofocantes, forzadas por otra boca estirando hasta el infinito la capacidad recién adquirida.

Rogué a los cielos perder todos los demás sentidos. Ya no había razón para conservarlos.
Cada uno, quedando aún vibrante por el regocijo de las lluvias no vividas, de los soles testigos, de los acres sabores de cafés bebidos de otra boca junto con la risa, con los jugos sublimes creados.
Todo.
Como luego de un temblor, devastador e implacable, fue investido de silencio.

29/4/08

Orígenes

A veces, cuando está sediento
elije caminar por el desierto
lejos de los manantiales,
a distancia de los abrevaderos.

A veces, cuando las tripas claman
elije apartarse de los manjares,
relegarse de los banquetes,
privarse de los sustentos.

Para no olvidarse
de la razón de la sed
o del origen del hambre.

10/4/08

Otoño

Cada año hay un día, un día particular
en el que el verano deja de
serlo.
Es como que hay un giro mudo,
la vuelta de una esquina sin marcha atrás,
un silencio, roto con una palabra,
que ya no volverá a ser silencio.
Un momento, un casi
imperceptible en el que
todo el devenir de los futuros días
ya no serán lo mismo.
Un amanecer que rompe distinto
un
fugaz segundo,
casi un silencio de corchea
después del cual ya el pasado comienza a ser pasado.

Hay un día en que el año termina, y comienza uno nuevo
Donde los verdes ya dejan de ser verdes
para ser verdes olvidados.

3/4/08

Azur

Dulce y hermosa
flor de la mañana.
Ya tu corola se despertó.
tu perfume se disipó
abrazado al viento del azur.

Que dulce espera
de la madrugada.
Ya te cansaste de tiritar
tu destino signado está.
O mi pasión o el aire
te abrirán.

(obvio: L.A. Spinetta)